Tendinosis rotuliana

Síntomas, causas y tratamiento

¿Qué es?

Tendinosis rotuliana, o “rodilla del saltador” se caracteriza por dolor en la cara anterior de la rodilla y disfunción del tendón.

El tendón rotuliano pertenece al músculo cuádriceps y se ancla al hueso de la tibia en el tubérculo tibial. El tendón salta por encima de la rótula, que sirve como punto de apoyo para mejorar la efectividad de la fuerza del músculo para extender la rodilla.

Inicialmente, el dolor es progresivo y asociado a actividades que impliquen demanda de la rodilla, como saltos y carreras. Con la evolución de la lesión, el dolor puede ser constante y no asociado a actividades.

Es común en saltadores, en deportes como voleibol o baloncesto, pero también puede aparecer en personas sedentarias. Por tanto, hay factores intrínsecos (obesidad, estructura corporal, nutrición, factores genéticos…) y extrínsecos (actividad física, (deficitaria planificación del entrenamiento y de las cargas, técnica del ejercicio, biomecánica, desajustes de tensión o fuerza en los miembros inferiores, traumatismos…) que aumentan el riesgo de sufrirla.



¿Cómo ocurre?

Actualmente hay varias teorías: la teoría mecánica aboga por sobrecargas mecánicas en el tendón como causa de la lesión. Estas sobrecargas provocarían cambios en la matriz celular y en la estructura del tendón que explicarían los síntomas.

La teoría vascular sugiere que los tendones reciben poco aporte sanguíneo y esto daría lugar a fallos en su reparación.

Por último, la teoría miofascial describe que músculos tensos o acortados traccionarían del tendón en la zona de anclaje al hueso y provocando daños por estrés constante o por fricción del tendón contra su envoltura protectora.

Pese a que comúnmente la lesión se denomina “tendinitis”, es decir, inflamación del tendón, el término no es correcto, ya que se sabe por estudios microscópicos, que no ocurre inflamación. Lo que sí se observan son cambios en su histología: se pierde la estructura laminada de sus fibras de colágeno y se cambian estas fibras resistentes por otras más caóticas y endebles. También se observa un proceso de “neovascularización” o aparición de nuevos vasos sanguíneos con orientación anárquica.



Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico se realiza a través de la historia clínica, la palpación y tests ortopédicos, así como técnicas de imagen (ultrasonido y resonancia magnética) para corroborar la lesión. Es importante realizar un diagnóstico temprano y comenzar pronto con el tratamiento.

El tratamiento de elección en un primer momento es conservador con fisioterapia. El uso de hielo, antiinflamatorios mejora el dolor a corto plazo, también en inyecciones locales.

Para evitar recidivas es importante conocer los factores biomecánicos que pueden agravar la lesión mediante una buena exploración física y del gesto deportivo.

Ya vimos en un post anterior, que un análisis de la carrera, del salto o de la técnica deportiva se vuelven esenciales en nuestro tratamiento. Así como identificar desequilibrios en fuerza y tensión en los músculos de los miembros inferiores y la pelvis.

Otras técnicas de tratamiento son la terapia manual, la punción seca, el uso de cinchas o el taping. Así como una rehabilitación adecuada del tendón, con el objetivo de reducir el dolor y de ganar resistencia a las cargas. El total de la rehabilitación puede durar unas 12-18 semanas y la podemos dividir la rehabilitación en tres grandes fases:


  • Fase 1: Modulación del dolor y manejo de las cargas. Identificación de los factores que agravan o causan la lesión y su tratamiento. Modificación de la actividad deportiva, que no el cese de toda actividad ya que puede ser perjudicial para el tendón y su capacidad de soportar cargas. Se aconseja reducir la intensidad y la frecuencia de los entrenamientos y eliminar actividades que demandan altas cargas para el tendón, como correr o saltar e incluir jercicios isométricos de cuádriceps para reducir el dolor.
  • Fase 2: Ejercicios de fortalecimiento y carga progresiva del tendón. Con ejercicios resistidos lentos y excéntricos (ej. sentadillas, leg press en banco…).
  • Fase 3: Ejercicios funcionales y vuelta a la práctica deportiva. Con atención al gesto deportivo y corregir posibles déficits. Progresar los ejercicios de carga para el tendón a altas intensidades y ejercicios pliométricos y vuelta al deporte.

Un alto porcentaje de lesiones responde con éxito al tratamiento conservador. Si este fracasa, se puede recurrir a cirugía.




Estos consejos no sustituyen la evaluación de un profesional y constituyen sólo una guía somera sobre este tipo de alteraciones.

Si reconoces alguno de estos síntomas, no dudes en contactar con nosotros. En Ofiterapia somos especialistas en el diagnóstico y tratamiento de la tendinosis rotuliana.


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